El tinku en Macha (Texto de Wikipedia, original aquí)
Los Macha fueron la etnia dominante dentro de la federación de los Qaraqara, este grupo étnico estaba dividido en dos grandes mitades llamadas Alasaya y Majasaya, denominaciones aymaras que significan respectivamente “los de Arriba” y “los de Abajo”. (Tristan Platt, 1988)
Actualmente su territorio se haya circunscrito a la primera sección municipal de la provincia Chayanta del departamento de Potosí. La localidad de Macha (en la época colonial pueblo de indios según las ordenanzas toledanas) esta sobre el camino entre las ciudades de Llallagua, Sucre y Potosí, es cabecera de valle y los idiomas que se habla son el quechua, el castellano y el aimara.
El Tinku se realiza en Macha, los días 3 y 4 de mayo de cada año, aunque también se lleva a efecto en estas fechas en las poblaciones de Ocuri, Pocoata, Chayanta del norte de Potosí
La iglesiaMientras iba recorriendo el camión -el último tramo- antes de llegar a Macha destacaba nítidamente la torre de la iglesia en el conjunto del pueblo, construida esta en las faldas de los cerros y a orillas de dos ríos, los cuales confluyen para formar el río grande.
Llegamos a Macha con una serie de inquietudes e interrogantes sobre el Tinku, recogidas de las expresiones tanto de vecinos de Llallagua, de los comerciantes que viajaban a Macha, como de los jóvenes que llevaban sus adornos y atuendos para participar en la fiesta.
Era el día 2 de mayo y el arribo de los comunarios al pueblo para la fiesta recién seria el día 3 en la noche. Esto nos permitió tomar contacto con el núcleo de vecinos de Macha, con los comerciantes que llegaban de Llallagua, Oruro, como el caso de las vivanderas provenientes de Colquechaca (centro minero aledaño, en el que se extraía plata y ahora estaño). Ese día se escucho el sonido de los dinamitazos; un profesor rural nos indico que era la forma en que los comunarios se llamaban para reunirse en sus cabildos, para luego emprender el recorrido hacia el pueblo
En el ambiente se percibía una tensión disimulada, y las ideas que recibíamos nos iban presentando a los participantes del Tinku como una especie de personajes salvajes que se enfrentaban entre sí, se mataban sin respetar a nadie. Motivo por el cual nuestra primera reacción era de cierta cautela y de evitar acercarnos a ellos, estabamos predispuestos por los juicios valorativos en horas previas que nos hacían temer posibles agresiones.
Cuando empezaron a llegar, la plaza del pueblo se encontraba vacía, los comerciantes apostados en el lado este y norte tenían sus toldos bien cerrados.
Los grupos de comunarios llegaron a la plaza pasada la media noche del día 3 de mayo, primero los Uluchis, luego los Salinas, los Bombori, haciéndose incontables. Cada uno venia en grupos controlados por el Mayura, sus Jilanqus (autoridades tradicionales de los ayllus), Imilla wawas (mujeres solteras, escogidas con anterioridad) y el Alférez o pasante de la fiesta, quienes provistos de chicotes de cuero trenzado les incitaban a bailar gritándoles “tusuychis carajo”.
La música de los jula julas marca el paso de los bailarines que en acompasada danzan formando un circulo en cada esquina y dan vueltas zapateando en el mismo sentido de las manecillas del reloj y viceversa.
Al ingresar a la plaza, pasan por la iglesia y se dirigen a la torre, ahí empezaron a challar y hacer libaciones a la misma gritando “sumaj Tinku” como un augurio de buena suerte. En frente de ellos se habían acomodado cerca de una decena de mujeres que vendían alcohol y singani.
Los primeros enfrentamientos se dan repentinamente y comienza una pelea entre. Al día siguiente nos informamos que en esta primera pelea entre los Uluchi y los Bombori murió un joven de 17 años de Bombori, recién vuelto del cuartel, cuyo padre había muerto en el anterior Tinku en carnavales. El “arreglo” en esta caso consiste en la “paga” de ganado vacuno a los familiares del occiso.
Toda la noche se repitió el cuadro en el cual grupos de hombres y mujeres llegaban y hacían su recorrido pasando por la iglesia, para luego dirigirse hacia a la “turri mallku” a ch’allar. En este lapso de tiempo no intervinieron los vecinos, ni tampoco la policía.
Junto a la torre conversamos con los comunarios recién llegados, en medio de charla surgió un ruego hacia uno de nosotros “no me vas a arrestar, ya...?” , haciendo alusión al saco que llevaba puesto un estudiante muy semejante a un uniforme policial.
A la mañana siguiente continuo la entrada en tropel por distintas calles con destino a la plaza, el ingreso nunca era individual, sino siempre en grupo y para ello en las inmediaciones del pueblo, en las faldas de los cerros o en el río se reunían los comunarios para prepararse y cambiarse de ropa. En la observación realizada en mayo de 1996 , se pudo constatar que ya no solo venían a pie sino que llegaban en camiones de los lugares más alejados, y estos se encontraban estacionados en la afueras del pueblo.
Cada grupo tenia su cruz - se supone que el 3 de mayo se recuerda al señor de la cruz. El que la traía en sus hombros era el pasante de la fiesta.
Es interesante observar la “humanización” de las cruces hechas de madera; en la parte superior llevan una figura del rostro de Cristo vestido con poncho, bufanda y ch’uspa asemejándose a una persona, en algunos casos adornado con chumpis, con banderas blancas, otras cruces llevan sobre la cabeza una pequeña montera de cuero, como si Cristo también vinieran a pelear en el Tinku. Colgaban en la cruz papas, maíz, etc. que representan semillas para la producción agrícola, solo los pasantes que llevan la cruz debían ingresar a la iglesia a escuchar la misa.
En cuanto al Tinku mismo, en las tres esquinas de la plaza habían enfrentamientos entre los ayllus de arriba o abajo o entre parcialidades de ayllu.
La pelea - contrariamente a lo que se puede creer- no es una batalla campal de todos contra todos, sino que los enfrentamientos corresponden a un ordenamiento social establecido, los conflictos de dan a nivel de la parcialidad de Alasaya y Majasaya, por ejemplo entre los ayllus de Bombori y Uluchi, y entre parcialidades de “churi” ayllus, por ejemplo Salinas alta con Salinas baja.
El ordenamiento dentro del conflicto no solo se da a nivel macro social, sino a nivel de genero y edad, nos solo pelean los varones, sino también las “Imilla wawas” (mujeres solteras), los adolescentes y los niños.
Esta disposición “natural” en el Tinku ahora se halla controlada, por no decir reprimida por la presencia de la policía y los vecinos que organizan su “policía civil”, haciendo que el conflicto se convierta en un espectáculo de box entre los varones, a ver cual de ellos es el vencedor.
En determinados momentos, los vecinos y la policía no pudieron controlar a los bandos enfrentados y es en esos momentos en que el Tinku adquiría su forma más primigenia. La pelea es una batalla entre colectivos sociales, no individuos; la figura es el rapto de un varón del bando opuesto que es arrastrado hacia sus adversarios, al mismo tiempo le quitan sus prendas y atavíos, montera, fajas y le empiezan a “wayqhear” (golpearle entre todos), recibe patadas, puñetes, en eso intervienen sus coetáneos para defenderlo, incluso sus mujeres echándose encima del caído para protegerlo de los golpes con su propio cuerpo sin importarles en algunos casos que tengan un niño en sus espaldas.
Un elemento mortal de la pelea es el uso de piedras -han sido prohibidas con multas económicas- que se usan con hondas o a mano; cuando uno de los grupos empiezan a retroceder y esta siendo vencido, entonces recurre al uso de las piedras equilibrar el conflicto; pudimos observar como llovian las piedras y de que manera evitaban su impacto haciendo piruetas y saltos especialmente los más jóvenes, pero cuando estas hacían impacto en el cuerpo o la cabeza de los comunarios, estos se desplomaban sangrantes sintiéndose la muerte en el ambiente, los heridos eran arrastrados por sus compañeros o su mujer hacia atrás para luego levantarse nuevamente y querer seguir peleando. Los heridos muy pocas veces acuden al medico para que las curen sus heridas.
TINKU IN MACHA und POCOATA: Fotos de Marietta Hengl (2004/05)
La juventud demostrada por la fuerza que ostentan durante las pelea, su resistencia o superioridad es símbolo de prestigio. Esto se manifiesta si describimos el enfrentamiento entre dos varones : El primero más joven que insistia en mostrar su fortaleza; el segundo de unos 25 años que no utiliza ninguna protección, no usa montera, ni ñuqus y en las manos, al entrar a la pelea crean gran expectativa entre los participantes por que no encuentra un rival de su talla, sufre golpes y sale sin sangrar, no muestra cansancio; mientras que su rival se retira totalmente ensangrentando. Este vencedor dice a todos : “Ustedes pelean como mujeres”.
Las mujeres contrariamente a nuestra lógica “civilizada”, no se ocupan precisamente de evitar o detener a sus maridos sino los incitan para que vayan a pelear haciendo alusión a su hombría , “warmi qanki ?” (acaso eres mujer ?) ; o en medio de la lluvia de piedras corren con sus hijos en sus espaldas, poniendo en peligro su vida la de su compañero e incluso la vida de sus hijos, en un desfile de pasiones y furia exacerbada, en el cual la explicación de la relatividad cultural pareciera quedarse corta ante el hecho de que ver la muerte frente a nosotros retrotrayéndonos temores de los más profundo de nuestro inconsciente.
La otra fase del Tinku es la venta de bebidas alcohólicas, ya sea en las casas fiesta como también la venta de chicha en la misma plaza, donde se asientan mujeres que ofrecen esta bebida, a cuyos puestos sea cercan los lloqallas y las imillas (hombres y mujeres jóvenes) a beber acompañado de sus charangos entonando canciones alusivas al galanteo, al amor :
Aquí viene una mula (bis) no tiene montura (bis) pobre jovencito, no tiene fortuna (bis)
Acaso toritos llevan corazones Acaso toritos roban corazones toritos se llaman, los engañadores (bis)
Este comercio conlleva todo un juego de relaciones de parentesco y erotismo; algunas de la muchachas que cantan son parientes de las vendedoras de chicha, o sea se convierten en un atractivo para que se acerquen a sus puestos y garanticen una buena clientela.
El aproximarnos a esta realidad, nos conduce a afirmar que esta manifestación de violencia esta sesgada por el consumo de alcohol, que es un elemento vital para la creación de un espacio de encuentro y enfrentamiento entre la vida y la muerte.
El hacer referencia a este aspecto, no significa dar la razón a los “vecinos” que relacionan peyorativamente , “indios” y alcohol y por lo tanto justificar su supuesta tarea “civilizadora”.
Es más fácil cuestionar al Tinku como exacerbación de la violencia, condena que parte desde una visión represora e intolerante, que combate la violencia con violencia, utilizando el lazo (como los patrones) y los gases lacrimógenos para evitar la celebración del Tinku ...”